Comentarios. En la Región Metropolitana existen, aproximadamente, 66 bibliotecas públicas, de donde se pueden pedir libros sin costo alguno, además de otros insumos para leer, como revistas, periódicos y documentos históricos. El año 2011, el CNCA y el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile publicaron el Estudio de Comportamiento Lector. La investigación concluyó que el 84% de los chilenos no comprende lo que ▇▇▇, mientras el 13,5% tiene media comprensión de lectura y apenas un 2,5% tiene comprensión de lectura. Por otro lado, un estudio de CERLALC-UNESCO (2012) sostiene que en Chile, Colombia y México, las motivaciones de lecturas están asociadas a las exigencias académicas o de estudio, más que a leer por iniciativa propia. Dicha publicación estima que Chile es el país de Latinoamérica en el que menos se lee voluntariamente, con 53% que no lee y 40% que declara no leer por placer. Por el contrario, sólo el 7% lo hace por gusto. A partir de los datos de la Segunda Encuesta Nacional de Participación y Consumo Cultural (ENPCC), del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (2011), apenas el 41% de los encuestados reconoce haber leído al menos un libro en los últimos doce meses, mientras el 54% declaró no haberlo hecho. Entre los últimos encuestados, las principales razones por las cuales NO leen se explican por falta de tiempo (33,4%), falta de interés (26,3%) y falta de costumbre (21,8%). Los que tienen menos tiempo son el segmento de personas entre 30 y 44 años, y quienes están mayormente desinteresados en la lectura son los jóvenes de 15 a 29 años. Según la encuesta Frecuencia de lectura de libros, presentada en 2017 por Adimark, Chile se sitúa bastante por debajo del promedio mundial. El 40% de la población chilena dice leer al menos una vez a la semana, mientras que el promedio global es de 59%. Asimismo, el estudio internacional Pirls aseguró a fines del año pasado que 4 de cada 10 niños de cuarto básico no entienden lo que leen. Si bien el proyecto está encaminado a realizar rebajas de impuesto, aumentar la cantidad de libros en las bibliotecas, imprimir libros ecológicos, y en definitiva, fomentar la lectura, constituye una preocupación que pudiese ser utilizado para promover cierto tipo de libros con un sesgo ideológico, y que el proyecto sea ocasión para difundir más una visión política a que efectivamente promover el hábito de lectura. Así, la promoción de la lectura debe ser transversal, sin que ella esté al servicio de posturas políticas personales, y los planes de fomento de lectura debiesen ir encaminados a efectivamente hacer nacer en los chilenos el amor por la lectura y el hábito ▇▇ ▇▇▇▇. Sobre lo mismo, en un siguiente trámite legislativo se debe precisar a qué se refiere con la “democratización del acceso al libro y la lectura”, y si es que aquello implicaría una restricción a la libertad de la persona de poder leer. En cuanto a la adquisición de obras, es importante que los libros que sean recogidos por las bibliotecas públicas y comunitarias no discriminen arbitrariamente, y que la selección de los mismos no debe fijarse de acuerdo a parámetros subjetivos; pero que a su vez, se debiesen restringir los libros que no sean aptos para ser leídos en bibliotecas comunes, como los libros con alto contenido erótico o pornográfico. El proyecto ya fue aprobado en general, y en esta instancia se deben votar las indicaciones presentadas en Sala, que establecen que las normas de esta ley se aplican también a los servicios digitales. Sugerimos votar a favor, siempre haciendo presente que las facultades que se le otorgan al Estado deben estar debidamente limitadas.
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